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Un paseo por la historia colonial argentina
Circuito serrano por las Estancias Jesuíticas de Córdoba
Desde hace más de 400 años, esta región Central del país alberga entre sus riquezas iglesias y casonas erigidas por la Compañía de Jesús. En un recorrido por el interior provincial, se visitan los campos donde criaban ganado y cosechaban uvas. Declaradas Patrimonio de la Humanidad, conservan aún la estructura y objetos originales.


La provincia de Córdoba, situada en el corazón de la Argentina, se constituye como uno de los destinos turísticos más elegidos los 365 días del año. Privilegiada por un microclima de temperaturas cálidas y baja humedad, esta temporada estival 2012 espera la visita de 5 millones de personas -un 11 por ciento más que el verano anterior- con atractivos culturales, históricos y de aventura.

De muy fácil acceso desde distintos puntos del país, la ciudad Capital de Córdoba es la segunda urbe más importante del territorio después de Buenos Aires. Dueña de un rico patrimonio arquitectónico, invita al viajero a recorrer iglesias, conventos y casonas levantadas hace más de cuatro siglos por los jesuitas. Un conjunto de construcciones originales reconocido como Manzana Jesuítica.

Junto a diversas estancias distribuidas en el interior provincial, que eran utilizadas por los misioneros como sustento económico, dan cuenta de la historia colonial de la Argentina, y fueron declaradas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. En este paseo rural, se aprecia la fusión de arte nativo con estilos barrocos, y se visitan los campos donde cosechaban alimentos y criaban animales.

Con acento italiano
La primera estancia organizada por la Compañía de Jesús en 1616 fue La Caroya, ubicada en el extremo oeste de la urbe, a unos 44 kilómetros de la ciudad Capital por Ruta Nacional 9. Un caserón colonial, rodeado de arboledas y vides, que fue vendido al fundador del Colegio Monserrat y se convirtió en gran productor de maíz, trigo, frutas, vino, miel y algarrobo.

La estancia sirvió como solar veraniego de los estudiantes del Monserrat, entre los que pasaron Juan José Paso, Nicolás Avellaneda y los hijos del Virrey Liniers. Y en medio de las guerras independentistas que se desataron a principios del 1800, Caroya se convirtió en la primera fábrica de armas blancas. En 1854 pasó a manos del Gobierno nacional y, finalmente, fue albergue de inmigrantes italianos. (continúa)



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