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Aventura, ecoturismo y cultura
Iruya, travesía andina por el norte salteño
Casi en el límite con el vecino país de Bolivia, este poblado con más de 250 años de historia mantiene intactas sus costumbres, infraestructura y vestimentas. A unos 2.780 metros de altura, se esconde entre picos y quebradas. Cercano a la Quebrada de Humahuaca, ofrece trecking de altura y visitas a comunidades aborígenes.


Distante 1600 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, la provincia de Salta es uno de los destinos de la región Norte de la Argentina más visitados por el turismo extranjero. El variado territorio que conforma es ideal para reencontrarse con la naturaleza y las costumbres. Entre sus principales atractivos, alberga el zigzagueante Tren a las Nubes, unos de los tres ferrocarriles más altos del mundo.

A esta travesía andina sobre rieles, se suma el recorrido por antiguos pueblos de montaña ajenos a toda modernidad. Conservadores de tradiciones y construcciones en barro, paja y piedras, producen el mejor “torrontés” del país y platos regionales, entre tamales, locros, humitas y empanadas.

Iruya es uno de estos poblados salteños, situado en el límite con la provincia de Jujuy y a poco más de dos horas de la Quebrada de Humahuaca. Un destino que se convirtió en los últimos años en un imán para los amantes del ecoturismo y los intercambios culturales. Considerada por muchos como una urbe de “ensueños”, se erige a casi 3 mil metros de altura.

Aventura y desafío étnico
Habitada por poco más de 5 mil pobladores, la ciudad de Iruya es cabecera del departamento homónimo, en el que también se encuentran las localidades de Rodeo Colorado, San Pedro, San Isidro, La Mesada, Colanzulí, Matancillas y Casa Grande. Un conjunto de urbes que mantiene sus calles adoquinadas o de tierra y al cual se accede mediante largas caminatas o montados en el lomo de una mula.

En estas tierras norteñas son un clásico las visitas a los pueblos indígenas que habitan la zona y mantienen intactas sus costumbres, vestimentas y formas de supervivencia, desde hace más de dos siglos. El itinerario es diario o también hay casas de familia que reciben al turista para hospedaje. En ambos casos, se aprende sobre cría de animales, artesanías y elaboración de platos regionales.

Como parte del paisaje, sorprenden en el departamento de Iruya las manadas de llamas, ovejas y cabras que se crían en esta región. Una zona del país a la que hace apenas once años llegó la luz eléctrica de red, las heladeras y las conexiones a Internet, que no lograron aún alterar los quehaceres diarios. (continúa)



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