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Un preciado tesoro en Tucumán, al norte de Argentina
Tafí del Valle: belleza natural y pasado milenario
Distante 107 kilómetros de San Miguel de Tucumán, este poblado de rasgos aborígenes conjuga desde las alturas imponentes paisajes y un valioso patrimonio cultural. Protagonista de centenarias estancias rurales donde se elaboran exquisitos quesos, ofrece imperdibles cabalgatas y aventuras, así como visitas a llamativos museos y reservas arqueológicas.



Antiguamente en posesión de órdenes jesuitas, esta pequeña y novata villa veraniega se erige en pleno corazón de la provincia de Tucumán, rodeada por los altos picos del Aconquija. Con numerosos ríos, arroyos y un imponente lago, Tafí del Valle constituye uno de los destinos norteños más visitados por el turismo local y extranjero. Dueña de un agradable clima templado los 365 días del año, ofrece al visitante imperdibles panorámicas por estar situada a 2000 metros de altura.

Entre sus principales riquezas, conserva las huellas de un pasado que se mantiene intacto, como fiel retrato de las culturas que allí habitaron. En un rápido recorrido se pueden ver a simple vista, construcciones en adobe y paja, enormes pircas de piedra, y para los que gustan de las artesanías, laboriosas piezas en cerámica. Entre los circuitos más destacados está la Vuelta al Valle por un estrecho camino de cornisa que pasa por localidades como La Banda, El Churqui, La Ovejería y El Mollar, entre otros.

Conocido en lengua diaguita como “el pueblo de la entrada espléndida”, posee construcciones de gran valor histórico y vestigios de asentamientos indígenas precolombinos en cada uno de sus rincones. Además, en los centenarios cascos de estancias, es posible disfrutar jineteadas y cuadreros, así como aprender antiguas recetas para elaborar quesos de trascendencia mundial. En los alrededores, hay atractivos paseos que incluyen las Ruinas del Quilmes y el Museo de la Pachamama.

Dominio incaico
La mirada retrospectiva en estas tierras lleva al viajero unos 2300 años atrás para descubrir a sus primeros ocupantes, que en su mayoría fueron pueblos aborígenes de gran impronta agrícola. Cultivaban maíz, papa, zapallos y legumbres, y también eran pastores de llamas que vivían en modestas construcciones, muchas de las cuales aún se conservan intactas.
Sobre finales del siglo XV, estos grupos cayeron en dominio incaico, por ser esta zona de vital importancia geográfica, hasta que 100 años más tarde llegaron los españoles, y junto con ellos, las misiones jesuíticas que construyeron la primera capilla del Valle. Fue recién a mediados del siglo XX cuando se logró la apertura de una ruta de acceso a la región, que la sacó por completo del aislamiento para convertirse en un gran polo de atracción turística.(continúa)


 

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