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Antiguo asentamiento al sur de San Juan
Barreal: entre siestas, cultivos y aventuras
AGENCIA TUR NOTICIAS (14 DE SEPTIEMBRE 2011).- Apacible centro turístico del sorprendente Valle de Calingasta, al sur de la provincia de San Juan. Barreal está rodeado de altos picos cordilleranos, y ofrece las mejores pistas de carrovelismo, museos de trascendencia arqueológica y coloridas artesanías que dan vida al pequeño poblado rural.



Testigo de un clima excepcional y escenarios de impactante belleza, la ciudad sanjuanina de Barreal, en pleno corazón de la región argentina de Cuyo, se convirtió en los últimos años en uno de los destinos más elegidos por el turismo. Se trata de una pequeña urbe, ideal para alejarse de los ruidos citadinos y despertar los sentidos en contacto con la naturaleza. Con la particularidad de mantener sus calles aún de tierra, extensas hileras de álamos protegen del fuerte sol del mediodía. Acompaña al caminante una fresca acequia con aguas de deshielo.
Elegido habitualmente por expedicionarios de alta montaña, Barreal ofrece también un sinfín de entretenidos paseos para el grupo familiar que van desde antiguas capillas construidas por las órdenes jesuitas, hasta milenarias cuevas donde apreciar los rastros de un pasado aborigen.
En sus alrededores se disfruta de reservas protegidas como el Parque Nacional El Leoncito, el cual no sólo  impactará al visitante por su desértica extensión durante el día, sino que también por las noches invita a disfrutar de los cielos diáfanos que caracterizan la zona desde un destacado centro astronómico.
Distante unos 180 kilómetros de la ciudad Capital de San Juan, ostenta marcados contrastes entre sus paisajes, donde el sol se oculta más temprano por los altos picos que la rodean, tanto de la serranía El Tontal como de la imponente Cordillera de los Andes. A la vera del Río de los Patos, se ofrecen salidas de pesca y desafiantes bajadas de rafting. Además, es posible disfrutar largas caminatas, paseos a caballo o en sulky, y los más extravagantes safaris fotográficos.
Dos de los imperdibles son el Paseo de los Enamorados y el Museo Arqueológico, donde se exhiben cuerpos momificados hallados en la zona.

Costumbres y tradiciones
Uno de los rituales típicos de la región son las obligadas siestas que siguen a los suculentos almuerzos caseros, y que el visitante enseguida adoptará. Cuna de maestros artesanos, además de la feria dominical en la plaza principal, abundan los talleres de trabajadores criollos en madera, soga y tejidos.
Las casas aún conservan sus antiguas galerías de adobe y parrales en los patios. Resistentes al paso del tiempo y a los movimientos sísmicos de la provincia, representan en conjunto, un valioso patrimonio arquitectónico. En este circuito urbano, pronto se habituará al paso de vacas u ovejas, así como tropillas de caballos. Cercanos a las parcelas cultivadas, también es posible ver variados animales de granja, entre gallinas, cabras y burritos que curiosean al pasar.
Las plantaciones de manzanas y aromáticas, como romero, estragón, anís, menta o lavanda, perfuman cada uno de los rincones del poblado de manera natural. Entre las texturas y colores aparecen enormes zapallos, cayotes, membrillos y tomates, con las que elaboran ricos dulces caseros. Para degustar la cocina tradicional, se debe probar las tortas al rescoldo, panes con chicharrón, las clásicas chuchocas, humitas, locros y empanadas. Y, entre las especialidades, el pollo calingasteño. Algunos de los sitios recomendados son De mi Campo, la casa de Doña Pipa y la Posada San Eduardo.(continúa)


 

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