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Estancias de la Patagonia
Travesía mística por campos santacruceños
AGENCIA TUR NOTICIAS (01 DE SEPTIEMBRE 2011).- Como protagonistas de la historia, las estancias se erigen silenciosas en la desolada estepa sureña. Cercanas a imponentes paisajes naturales invitan al turista a vivir una experiencia diferente. Ofrecen atención personalizada, la posibilidad de aprender a esquilar ovejas, excursiones, la mejor gastronomía casera y un clima de absoluta tranquilidad.

 

La maravillosa Patagonia argentina sorprende al viajero en cada uno de sus inhóspitos rincones y una de las alternativas que gana cada día más adeptos es, sin dudas, el turismo rural en extensos campos dedicados a la ganadería y la agricultura, en la provincia de Santa Cruz. Algunos de sus antiguos cascos están simplemente abiertos al turismo como estandartes de un pasado surcado por generaciones que llegaron a estas tierras y hoy son parte de la historia. Cálidos hogares a leña, el aroma del pan casero, viejas leyendas y rústicos muebles son los rasgos de estos mágicos sitios donde pasar unas vacaciones inolvidables.

Algunas estancias son más lujosas y ofrecen cabañas para hospedarse con todas las comodidades de un lodge. Otras poseen alternativas más económicas con áreas de acampe y refugios para expedicionarios. Sin embargo, todas aguardan la llegada de los visitantes con amable hospitalidad. Si bien se las puede recorrer durante todo el año, es recomendable hacerlo de octubre a abril por las condiciones climáticas. La zona se caracteriza por fuertes vientos y nevadas. Muchos de sus caminos aún son de ripio, por lo que también es un buen consejo hacer el viaje en un vehículo elevado.

Los paisajes que las componen son de inigualable belleza entre elevados picos cordilleranos y cristalinos ríos y lagos. Se pueden practicar todo tipo de actividades desde cabalgatas, salidas de trecking, pesca deportiva, rafting, escalada, arqueología y avistaje de flora y fauna. Como atractivo principal están las tareas que realizan a diario los lugareños: cepillar caballos, esquilar ovejas, arrear el ganado, participar de la yerra y conocer los secretos para asar los mejores corderos patagónicos. Sin apuros ni bocinas, es una tentadora propuesta para recorrer despreocupados del celular y las agujas del reloj.

Curiosidades y leyendas
Los cascos de estas estancias datan de mediados del siglo XIX, en su mayoría fueron reciclados y algunos poseen prolijos parquizados, piscinas cubiertas, canchas para hacer deportes, shows de tango, paseos en carruaje y la típica idiosincrasia gauchesca. En las paredes interiores es usual ver antiguos objetos, muebles y cuadros que aportan un halo de misticismo. Además de las esquilas, el turista podrá ser parte del marcado de animales, de alguna doma o jineteada o de una competencia de payada con improvisados versos cantados y el compás de una guitarra alrededor del fogón.
Entre las curiosidades destaca que los lugareños aseveran que todavía pasan por allí los denominados “marcachifles”. Mercaderes ambulantes que recorren los campos tres o cuatro veces al año, con una camioneta cargada cuyos productos a veces comercializan mediante el sistema de trueque, recibiendo a cambio pieles y plumas.(continúa)



 

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