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Capital Nacional de la Arqueología
Catamarca invita a descubrir las huellas del pasado
AGENCIA TUR NOTICIAS (10 DE AGOSTO 2011).- Escondidas entre altos picos y una muy variada geografía, sorprenden al viajero ruinas de las antiguas construcciones levantadas por comunidades aborígenes que precedieron a la colonización y aún resisten el paso del tiempo. Un destino en pleno corazón del noroeste argentino, donde maravillarse con el paisaje natural y adquirir los mejores tejidos.



Antiguas ciudades, especiales recintos destinados a celebraciones religiosas, fuertes muros, escaleras y figuras de arte rupestre son algunos de los atractivos imperdibles que encontrará en un viaje al interior de la provincia de Catamarca. De una riqueza arqueológica sin igual, es un sitio donde se conservan en muy buen estado las huellas de un pasado milenario, materializado en piedra y barro, donde la magia de los viejos tiempos aún se encuentra latente. Misteriosa y atrapante, ofrece propuestas para todos los gustos.

Historia, identidad y tradición, se conjugan con una gran diversidad de paisajes, entre los que se incluyen frondosas selvas, cadenas montañosas, valles, salares y encantadoras lagunas. Un escenario con destacados recursos que permitieron el desarrollo de un proceso cultural que se remonta a unos 10 mil años atrás. Y que pese a los cambios climáticos, alberga aún testimonios invaluables, que pueden apreciarse en primera persona sin necesidad de ser un especialista.

Considerada Capital Nacional de la Arqueología, fue uno de los primeros asentamientos donde estuvieron los yokaviles de acuerdo a las investigaciones realizadas en los yacimientos ubicados en Pucará del Aconquija, Pucará de La Alumbrera y Ruinas de Coyparcito. Además, son muy importantes los petroglifos del Valle de Antofagasta de la Sierra y las ruinas indígenas en Laguna Blanca, mientras que en las quebradas de El Toro y El Potrero, es posible llegar hasta el Pueblo Perdido de la Quebrada.

Cuevas milenarias
Entre los pueblos de Ancasti e Icaño, a unos 60 kilómetros de la ciudad Capital, las huellas del pasado llevan al viajero a unas antiguas cuevas de arte rupestre pertenecientes a la cultura Aguada reconocidas como La Tunita y La Candelaria. Se estima que es una etnia aborigen que existió entre el año 300 y 950, adoradora del jaguar, al que le atribuían la representación simbólica del tiempo. Incluso, a esta misma cultura -que los españoles identificaron como diaguita- pertenece también la única pirámide hallada en suelo argentino, por el célebre investigador Alberto Rex González en 1998. En la primera, los expertos aseveran que yace el reservorio más grande de pinturas rupestres en América Latina. Distante unos 20 kilómetros del departamento de Ancasti, son excepcionales las representaciones de la cosmovisión de esta cultura. En la segunda, algunas de las imágenes son de carácter simbólico religioso, estrechamente ligado a rituales chamánicos y a la legitimación del poder político.(continúa)


 

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