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Postales Argentinas
Fiambalá en la Ruta del Adobe, Catamarca
La ruta 60 mete una larga diagonal y se interna en la Cordillera de los Andes. San Fernando del Valle de Catamarca quedó a más de 300 kilómetros de distancia; el camino, un paisaje en constante metamorfosis, relativiza las fronteras y cruza de Catamarca a La Rioja en varios tramos, sin más referencia que algún que otro cartel vial. La ruta corta a los pueblos en dos, y aparecen construcciones ancestrales de adobe semiderruidas, reemplazadas por nuevas, robustas y austeras casas del mismo material: municipalidades mínimas, iglesias devenidas en monolitos, comercios necesarios. Es la Ruta del Adobe, y el color rosáceo contrasta con  la palidez de una tierra prácticamente yerma.

 


Fiambalá se empieza a ver desde lejos, unos cuantos kilómetros pasando Tinogasta. Lo delatan las formas abigarradas de sus cerros. Poco antes de ingresar al pueblo se vislumbra la escena: el desierto amenaza con fagocitarse a  las montañas, y las laderas quedan vestidas de una arena blanca, cremosa, homogénea. En esta zona del mundo el aire es puro y dulce; el calor es intenso y seco, pero da tregua en cualquier sombra.

La estratégica estación de servicio da la bienvenida al pueblo. La calle principal, continuación de la ruta, termina en la plaza, epicentro de la comunidad. Alrededor se congregan los edificios públicos: la Iglesia de San Pedro, construida en adobe en el año 1770; el hospital, la comisaría, los negocios básicos (restaurantes, supermercados, agencias turísticas, peluquerías y heladerías). Esta imagen, con sus variaciones autóctonas, se repite por todo el país.

 

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