Banner
Raíces, costumbres y aventura
Un viaje al pasado por la Quebrada de Humahuaca

AGENCIA TUR NOTICIAS (10 DE MAYO 2011).- Transitar por las provincias del Norte argentino es llevarse guardadas postales únicas que pocas veces verá repetirse. Entre sus coloridos paisajes, ciudades escondidas en la montaña con callecitas aún lejos del asfalto y amables pobladores hacedores de antiguos platos típicos de la región, encontrará un sello característico y encantador. 


A unos 39 kilómetros de San Salvador de Jujuy, es posible encontrar un recorrido no muy extenso que llevará al viajero a descubrir las raíces y costumbres de culturas que persistieron por unos 10 mil años. Exentos de los avances tecnológicos, pequeños poblados con casas de adobe, antiguas iglesias y ruinas de fortalezas que los aborígenes construyeron. Se trata de la Quebrada de Humahuaca, un valle rodeado de coloridos cerros y una innumerable cantidad de cactus. Una parte del milenario Camino del Inca e intensa ruta comercial durante la época virreinal, que desde julio de 2003 fue caracterizada por la UNESCO como un “sistema patrimonial de características excepcionales”.
El paseo transcurre en unos 170 kilómetros por entre las altas cumbres. De muy fácil acceso, una vez allí sentirá que el tiempo ha retrocedido y que puede ser parte de esa historia que conformó la verdadera cultura latinoamericana. También disfrutar de los rituales y festejos religiosos que persistieron con el pasar de los años, comer algún plato típico como el locro o los tamales, y combinar excursiones arqueológicas con un poco de aventura. Una de las principales características de estas tierras ancestrales es la amabilidad con que los pobladores – en su mayoría hoy de la etnia coya- atienden a los visitantes.

Particularidades y sorpresas
Cada uno de los poblados que la componen posee algún encanto que lo hace único. Los primeros en el inicio de este camino que transcurrirá entre los 2 mil y 4 mil metros de altura en dirección al altiplano, son Volcán y Tumbaya. Le sigue Purmamarca, uno de los más ricos en belleza natural por estar protegido por el Cerro de los Siete Colores, cuyas capas son resultado de los sedimentos marinos, lacustres y fluviales que se depositaron durante las etapas geológicas. Un espectáculo visual, para disfrutar mediante safaris fotográficos, cabalgatas o caminatas. Allí, se encuentra una de las más completas ferias artesanales, se destaca la Iglesia de Santa Rosa Lima (1648) y el Cabildo. Más adelante, Maimará con el encanto de sus estrechas calles, desde donde se puede ver la denominada “Paleta del Pintor” sobre montañas blancas, rojas y amarillas, y sede de los más importantes festejos de carnavales.

En Posta de Hornillos es posible visitar el Museo de Historia Nacional (1772), y en Tilcara -la capital arqueológica de Jujuy- las raíces emergen sobre la fortaleza de Viltipoco, último cacique de los omaguacas. Se puede ir al Museo Casanova, así como a la Garganta del Diablo, sobre el cause superior del río Huasamayo. A unos mil metros el Pucará, una fortificación que los aborígenes construyeron en la cima de la montaña y permite ver todo el valle. Debajo, el Jardín Botánico de Altura, donde habitan llamas y vicuñas.

Ya en Huacalera, un monolito marca el cruce del Trópico de Capricornio, donde cada 21 de junio se celebra el Inti Raymi (Fiesta el Sol), antigua tradición aymará que se hace en el inicio del solsticio de invierno para recibir el nuevo ciclo agrícola. Finalmente, Humahuaca con sus numerosas construcciones de adobe y calles empedradas, donde se encuentra la Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria (1641), el Cabildo y a pocos kilómetros las misteriosas ruinas arqueológicas de Coctaca.

Para los más aventureros se ofrecen excursiones a caballo de entre 3 y 5 días, a través de las Serranías de Zapla por la denominada Ruta del Paisaje que conecta con Valle Grande y San Francisco, desde donde se regresa en vehículo. También hay paseos en mountain bike. Y por las noches, en la capital provincial encontrará peñas, bares y boliches, así como un completo Casino en pleno centro comercial.

Picantes y bebidas espirituosas
La cocina autóctona tiene entre sus ingredientes más asiduos el choclo, los ajíes, el charqui, las papas andinas y la llama. Hay que preparar el paladar para degustar locros humeantes, tamales, empanadas, chanfainas y sopas de quínoa. Entre los postres, la mazamorra y el dulce de cayote con quesillo. Como bebida típica la chicha, con harina de maíz y agua fermentada, y la aloja, de vainas de algarroba. Se dice que cada cultura fue dejando su huella y que además de alimentarse el cuerpo, lo hace también el alma.(continúa)


Acceda a la nota completa llenando nuestro formulario de suscripción y reciba todas las noticias en su correo.

 

 

No tiene derechos para añadir comentarios